Samana, la cualidad a tener en cuenta en la práctica del yoga.

Esta semana ha sido diferente. La mayoría de los alumnos han vuelto de las vacaciones de Semana Santa con las pilas bien cargadas, sobre todo los que han podido disfrutar de la naturaleza. El tiempo ha sido generoso y hemos asistido en una verdadera explosión primaveral. Muchos estaban de tal subidón, que daba gusto verles. Percibir esta energía excepcional me ha llevado a enfocar el trabajo de yoga de esta semana a cultivar el estado de samana, cualidad que debería estar presente en todo lo que hacemos en nuestro día a día, junto a los momentos prana (absorbo, me nutro) y apana (dejo ir, expulso).

¿Qúe es samana? Cada ciclo, cada proceso tiene tres fases principales: coger, transformar y eliminar. Las tres son igual de importantes, aunque a veces nos saltamos alguna de ellas, en función de nuestro carácter o nuestras inercias.

Para que el proceso de nutrirnos (física o psíquicamente) sea completo, primero de todo necesitamos poder llevar algo de fuera hacia dentro, absorber. Y para eso, nada mejor que rodearnos de cosas que tienen esta energía que nos alimenta: aire puro, buena compañía, comida, ambiente, libros… Cada uno ya sabe lo que le fortalece. Pero no basta con llenarnos.

El segundo paso, justamente lo que el ayurveda define como samana, es tener capacidad de transformarlo en una energía que nos sirva durante un tiempo. ¿Cómo hacer que este subidón de haber pasado unos días haciendo la cabra por la montaña no se muera al día siguiente de haber vuelto a la rutina? O, peor aun, no caer en una depresión por el contraste de lo bien que estábamos de vacaciones con la realidad del día a día?

Samana, este espacio inteligente entre absorber y eliminar, es lo que llega a determinar nuestra vitalidad. Si creamos condiciones necesarias para transformar bien lo vivido, aprovechremos todo lo que absorbemos al máximo. Necesitaremos menos estímulos, menos acciones, menos esfuerzo.

La calidad de lo que nos alimentamos, y hablo en términos físicos, psíquicos y emocionales, es indiscutible. Pero sin una buena digestión, no nos servirá de mucho. A veces las cosas, por muy buenas que sean, “tal como entran, salen.”

Cómo podemos cultivar samana en la vida diaria?

Lo que hacemos a lo largo del día es más importante que la propia práctica en la esterilla. Esta nos acompaña, nos marca una dirección, a veces purifica, pero, no sirve de nada si no impregna nuestras acciones diarias. Comparto algunos pasos que estoy dando yo para mejorar mi SAMANA.

Valorar el “tiempo muerto”.

Para que SAMANA tenga el espacio necesario en nuestra vida, primero de todo, reconozcamos su existencia y sus necesidades. Seamos conscientes de que se merece un tiempo. Su tiempo. El tiempo que muchas veces llamamos “el tiempo muerto”, de una aparente inacción e inutilidad. La digestión, si es sana, ocurre sola, ¡un verdadero chollo! Pero necesita que le ofrezcamos tranquilidad, reposo. Creo que es lo más importante que he asimilado hasta ahora del ayurveda, estarme quieta, ir a dormir temprano. Y creedme, desde pequeña vivía obsesionada por aprovechar las últimas horas del día.

No pretender hacer más de lo cabe en el tiempo del cual disponemos.

En cada visita mensual en la biblioteca suelo coger 3 o 4 libros. Se perfectamente que no los llegaré a terminar. Y efectivamente, los devuelvo leídos a medias o apenas hojeados. Con remordimientos, por supuesto. Esto, por suerte, queda entre el libro y yo. Ahora, me suele ocurrir también con los compromisos con algunas personas. Y es más grave. Podría echar la culpa a mi padre porque le ocurre algo parecido, pero, no creo que la epigenética fuera la excusa suficiente para no intentar superarlo.

Salir del vicio de la formación continua.

Lo menciono porque suele ser un problema común entre mis compañeros yoguicos. Nunca nos dejaríamos de formar. Cada curso nos parece imprescindible para nuestro desarrollo personal o profesional. No es una actitud mala, reconocer que siempre queda mucho por aprender, pero… A veces, pasado un tiempo, hojeo los apuntes de algún seminario y me sorprendo de la cantidad de cosas que se supone que debería saber. Y no las sé.

¿Y en la práctica del yoga?

Respiración 1-0-1-0

Lo más fácil es empezar equilibrando el ritmo de la inspiración y la exhalación. Empezando por un tiempo cómodo, de 3 o 4 segundos por nada fase, ir aumentando según las capacidades de cada persona.

Respiración 1-1-1-1 (samavritti pranayama o respiración cuadrada)

Como progresión de la respiración anterior, añadir también el mismo espacio a los dos momentos de retención, tanto con los pulmones llenos como en vacío. Esto nos permitirá darnos cuenta de la existenca de estos espacios de pausa, de silencio. Espacios en los cuales también ocurren cosas.

Asanas en movimiento (vinyasa) y en estática

Podemos aplicar las dos pautas anteriores de respiración para marcar el ritmo de vinyasas. Buscaremos sincronizar la respiración y el movimiento, igualar la inspiración con la exhalación, alargar progresivamente los tiempos de cada fase y añadir el momento de pausa o retención tanto respiratoria como del propio movimiento.

Gestos

La parte del cuerpo más relacionada con samana corresponde a la zona alta-media del abdomen, donde residen los órganos de la primera fase de la digestión, el estómago, el hígado, el bazo y el intestino delgado. Llevar allí las manos en un gesto consciente nos ayuda a sentir sus funciones que, como he dicho antes, ocurren de forma involuntaria y silenciosa, si gozamos de buena salud. Sentir, escuchar, a través del contacto.

Mudra

Samana mudra consiste en juntar las puntas de los cinco dedos, en símbolo de la misma importancia de cada uno de los 5 elementos representados por cada dedo. Es beneficioso para la digestión.

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